Tuesday, August 15, 2006

Punto y seguido

Un hombre abrió la puerta y entró dejando que se colaran algunas hojas tras de si al interior del bar. En esta época el barman nunca paraba de barrer cada mañana las rojizas hojas de los plátanos que llevaban todo el verano regalando su sombra a todo aquel que se escondía bajo ellas de los crueles rayos del sol. El hombre se sentó en la barra y murmuró, casi demasiado bajito, “Un 100 Pipers”.
Tenía los ojos perdidos en el pasado y apenas hubiera sabido decir si en el bar había una o veinte personas además del hombre de la barra que le estaba sirviendo su whisky. Al fin y al cabo… ¿a quien le importaba?
Murmuro algo que sonaba como “¿Merecía esto?” y dejó fluir el dorado y ardiente placebo hacia unas tripas que sabían que algo malo iba a pasarles.
El hombre sacó un papel del bolsillo y lo miró durante un rato mientras en su interior luchaban el odio, la rabia y el vacío. Crujiendo suavemente el papel se rasgó más o menos por la mitad. Hacía todos sus movimientos con una serenidad extraña, calmado como una bomba. Se guardó una mitad en el bolsillo y la otra la introdujo en el vaso vacío que tenía enfrente sin molestarse en evitar que se mojara o se arrugara. Dejó un billete pequeño y arrugado sobre la mesa y se fue. El hombre parecía ahora menos triste, más duro, pero menos vivo.
El barman lo recogió todo más tarde y sacó la mitad de una foto ahogada de uno de los vasos. Era la cara de una mujer, y se notaba que faltaba un trozo, otra persona.Pero estaba tan arrugada y mojada que ya no se podía saber si la mujer era guapa o no, si parecía simpática o una borde. Sólo era un recuerdo doloroso y deshecho que alguien quería ahogar. Lo tiró a la basura y siguió recogiendo.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home