Tuesday, August 15, 2006

Capítulo 1

He pensado que podríamos contar esta entre todos, yo hago el Capítulo uno y otro lo continúa, y nunca nadie dos veces consecutivas...
Ahí va el primero.

"Esteban dejó de mirar su dedo, que aún jugueteaba con el liquido que habia dejado el culo de su copa en la mesa, y levantó la cabeza para mirar al chico del centro de aquel frecuentado bar. No debía de tener más de diecisiete años, pero aún así las jovencitas de veinte le miraban. Su corona de pelo engominado, su pendiente hecho con un alfiler en la casa de algún "coleguilla" con el que luego fardó tanto al día siguiente, su ropa petada y hipnótica forma de bailar parece ser que les gustaba a ellas. Quizá ellas tenían 16 años y eran sus amigas, pero Esteban ya no estimaba bien entre las chicas de esa edad. Ahí estaba el maldito mocoso, cebado a "rulas" que había comprado a otro "coleguita" en el callejón de algún barrio del extrarradio, llevandose a las tías. Él, sin embargo, hacía meses que bajaba todos los fines de semana a ver si sucedía el milagro, y nada. Nunca ninguna chica se acercaba a pedirle fuego. Bueno, en verdad si, pero nunca acababan en el coche de él haciendo el amor y dejando los cristales empañados, quizá con la marca de una mano sobre el vaho, como Kate Winset en aquella pelicula sobre un barco...

¿Sería mala suerte? Lo cierto es que en su familia nunca tuvieron mucha suerte con las mujeres. Su abuelo Alfredo, el Salcedo más viejo que había conocido que recordara, ya que Cornelio murió poco despues de su nacimiento, ya le advirtió sobre el tema.

Los Salcedo no eran una familia conocida ni influyente, sólo los dueños de algunos pisos anónimos en algunas calles con nombres fáciles de olvidar por Madird. Cornelio fue el fundador de La Empresa, Tubos Salcedo. Dentro se fabricaban todo tipo de tubos, cañerías y elementos cilíndricos de metal según las exigencias del mercado. En su epitafio pidió que escribieran unos versos de Machado, pero el papel donde estaban apuntados se perdió en algún lugar de la fábrica y allí debe seguir criando polvo, ya amarillo. En su lugar, encontraron unas líneas enun cajón de su mesilla que decían:

Recuerdo perfectamente aquel noviebre de nevadas.
Vagaba vagamente mi mente entre el ser y el ente de Hamlet...


Y ahí se quedaban, no había entre los miles de tachones, re-escrituras, correcciones ni anotaciones al margen, ninguna indicación que aclarara el sentido o el orígen de las palabras, y decidieron ponerlas, aunque alguno se opuso, a falta de los versos de Machado.
Los Salcedo no prosperaron nunca, se mantenían a flote, sobreviviendo, cada vez más cerca del cero, prolongando y relentizando plazo a plazo, en constante agonía, la inevitable caida, pero de algún modo, nunca en numeros rojos. De algún modo, su fábrica siempre era absorbida por otro trust y se salvavan en el ultimo momento. La nave del Polígono Industrial Haya Alta (PIHA) estaba rodeada de un terreno seco y árido, como la historia de la familia. Entristecido más aún por la rutina dstinada a la familia, la vida del tubo. Levantarse, fabricar tubos, luchar, sobrevivir, tener un hijo, pasarle la fábrica y luego otra vez.

"La vida es como un tubo", solía decir su abuelo "al principio todo va genial y funcionas bien, pero después, con el uso y el trabajo te vas gastando, y acabas corroído y viejo, deseando que todo acabe". A Esteban entonces esto le parecía una tontería de abuelo, para él era fácil, era un tubo jóven, con su chocolate Ecco caliente entre las manos y unos churros algo grasientos y llenos de colesterol, que nada le importaba, en un plato cerca de ellos.

Sin embargo, las eternas tardes en la planta, solo esperando que el turno no acabara nunca para no llegar a casa, a luchar con la llave para abrir la cerradura estropeada y encontrar el piso solo, el salón callado y toda la inercia de una casa demasiado vacía, nunca desordenada, nunca arreglada, tan sólo como Esteban la dejara una y otra vez y nada más, le hicieron comprender que su abuelo, el hombre de la mirada cansada tras esas gafas, siempre sujetas de milagro al final de la nariz, quizá tenía algo más de razón de lo que pensaba.

El chico de la gomina, cubierto de un rocío de sudor, se acercó a la mugrienta barra y apoyó el codo sobre las gotas de liquido de culo de vaso que con tanto esmero Esteban había transformado en "Esteb", pidió tres Sex on the Beach, especialidad de la casa, y se sentó, tocando con su espalda la camisa de Esteban. El sudor de otro sobre su ropa era algo que no soportaba, y lo sacó de su ensimismamiento. Sobre todo, ese olor a gimnasio rancio y mal ventilado, con una suerte de vigoréxicos en maquinas de musculación, mayormente homosexuales del tipo ostentoso que luego ves en la sauna con algo bajo la toalla que desearías creer que no es una erección, ese olor a chicos de la ESO tras su clase de gimnasia, hormonados y aún descubriendo que sí se deben duchar todos los días, es lo que más molestaba a Esteban.
"De hoy no pasa" pensó, "necesito contacto, levantarme al lado de una mujer que me haya deseado, y a la que haya echo el amor". Cogió su copa, whisky White Label, como siempre, y se la bebió de un trago. Su estómago ardía y tenía ganas de vomitar por el intenso sabor de la cebada tostada en hornos tradicionales, pero no le importó, ahora que se habia decidido nada le podría parar. Al fín y al cabo, como decía su abuelo "la gente es como un tubo, por fuera paracen redondos y felices, pero por dentro están vaciós y deseando que llegues a llenarles". Sólo tenía que escoger a una, deslumbrarla y llevársela al catre, si el enano dopado de la corona de gomina lo conseguía, más aún él.
Una chica cerca de la puerta, demasiadas veces abierta para entrar y demasiado pocas para salir teniendo en cuenta el aforo máximo, estaba siendo acosada por una barba que apestaba a cerveza. Si se hubiera afeitado, tal vez se hubiera llegado a descubrir a un hombre que balbuceaba "Seass tú una chica C subp sigma, ¿no?, en un spacio euclídeo como ste b, b, barr...", pero nadie le oía dentro de esa barba. Además, ¿que hay peor que un físico borracho ligando sin afeitar? La chica, con una piel de un blanco homogéneo y una timidez en la mirada que enternecía el corazón miraba a la barba con el miedo de quien teme que le fueran a hacer algo si no mostrba atención, sin poder irse porque su amiga estaba aún en el baño, demasiado borracha para levantar la cabeza del vater. Esteban la cogió de la muñeca y la llevó fuera, sorprendiéndose de la docilidad de la chica y del tacto, suave y cálido de su piel, golpeando la puerta con el hombro, pensando que aún no sabía que demonios iba a decir primero."

6 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Muy bueno, pero no tengo claro si podría seguirlo.

En todo caso me parece muy bueno.

1:21 AM  
Anonymous Anonymous said...

Es entretenida, pero no es mi estilo, lo siento, no me veo capaz de continuarla.

2:07 PM  
Anonymous Anonymous said...

¿Capítulo 2?

Una ráfaga de aire fresco golpeó ambos rostros, ruborizado uno, asustado el otro. No sabía por qué había tenido ese impulso, por qué había decidido librar a aquella muchacha desconocida de aquel engendro baboso y lascivo que en vano pretendía pronunciar algunas palabras. Se giró aún asiendo aquella muñeca extraña que sin saber por qué no quería soltar y miró a la muchacha a los ojos.
-¡Ay! ¡Me haces daño, burro! ¡Suelta!
Había dado un pequeño traspiés saliendo del bar, sorprendida por aquel salvador que como una ventolera había apartado el fétido aliento de aquel borracho de su respingona y graciosa nariz. Intentó sin conseguirlo abrir la mano que la sujetaba, y se dio por vencida al darse cuenta de su debilidad. Esteban la observaba con la cabeza inclinada hacia un lado, como quien no termina de entender lo que sus ojos escudriñan. La chica estaba mohína, sus gestos eran graciosos y ágiles y sus dedos que insistian para liberar la mano compañera apenas le molestaban, sólo sentía las uñas que de vez en cuando, sin intención, estaba seguro, se clavaban en su piel.
-¿Estás bien?- le preguntó. Era lo menos estúpido que podía decirle después de lo que había hecho, pero algo tenía que decir.
-¿No encuentras una pregunta más tonta?-le espetó. La timidez y el miedo que emanaba ante la puerta habían desaparecido al atravesarla, o al tropezar, o quizá nunca los tuvo.
-¡Qué borde! Me pareció que aquel tipo te molestaba y quise hacerte el favor de librarte de él.
-Pues muchas gracias. Ahora, si eres tan amable como dices, hazme también el favor de librarme de ti. Conozco la clase de tipo que eres. Vienes de héroe, me sacas de un apuro en el que por casualidad me has encontrado y, pensando que es una buena oportunidad para ligarte a una pava que no parece un mal partido, me preguntas mi nombre. Luego que si quiero tomar algo y luego que si quiero subir a tu sucia, desordenada y pestilente casa.
Le dejó seco. Perplejo. Mudo. Qué rápido hablaba, era increíble. Sus finos labios se movían sin parar y su pálida cara adquiría una belleza peculiar al enfadarse. Con la mano que tenía libre no paró de gesticular ni un segundo durante la parrafada. Era cómica su manera de hablar, entonaba como si contara un cuento a un niño pequeño, o como si intentara que un estúpido le prestara atencíon, le entendiera gracias a las subidas y bajadas de tono.
-¿Cómo te llamas?- No podía soltarla, no podía enfadarse con ella, no podía dejarla escapar. Tampoco quería follársela, no deseaba que desapareciera de su vista ni de su vida a la mañana siguiente.
-No voy a decírtelo.
-¿Vienes a tomar algo?- Había que insistir, no permitir que los segundos pasaran y que esa piel dejara de estar a su alcance.
-Está bien. Pero sólo bebo Wisky, y ya llevo unas cuantas copas encima... Mi amiga anda dentro... espero que del baño sólo, y no también del váter. Vámonos, ya me llamará luego, si quiere... y es capaz.
No quiso cuestionarse por qué le había dicho que sí, ni por qué le pareció que la noche adquiría un tinte brumoso, como el de un sueño agradable, en el que nos sumimos voluntariamente, a raíz de pensar en él la media hora anterior al sueño entre las sábanas. Soltó su muñeca cuando llevaban unos pasos encaminados calle arriba. Sintió que el aire que ahora rozaba su palma era áspero en comparación con lo que unos momentos antes habíase permitido tocar. Miró de reojo a la chica anónima que caminaba a su lado con gráciles movimientos. Jugaba con las baldosas de la acera, pisando sólo las del mismo color.

8:26 AM  
Anonymous Anonymous said...

me encanta como transcurre la historia, me vais a perdonar pero no me veo capaz de seguirla, espero que la sigais porque va por buen camino y la idea está genial.

3:21 PM  
Anonymous Anonymous said...

Joé,no se vale, continuad,¿por qué no ibais a ser capaces? intentadlo almenos...noo?

5:02 AM  
Anonymous Anonymous said...

lo analitico del pensamiento le hizo cuestionarse, ¿el por que del jugueteo y lo azarozo del momento?? y por un momento la necesidad de la fantasia, inundo su pensamiento acerca de las infinitas posibilidades; el coqueteo estupido asociado al vacio del tubo y la necesidad de ser llenado, o la posibilidad del manoseo torpe y burdo en la inconformidad de su habitacion plagada del equilibrio no deseado...el pesimismo lo colocaba en aquel lugar que habia elegido comodamente, del cual gustaba por ser martir de sus propias decisiones y nada mas comodo y familiar que el rechazo, el cual era un continuo, hasta hace un par de minutos; el rostro dibujaba una mueca......

10:04 AM  

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