Capítulo 2
Por Dunya:
Una ráfaga de aire fresco golpeó ambos rostros, ruborizado uno, asustado el otro. No sabía por qué había tenido ese impulso, por qué había decidido librar a aquella muchacha desconocida de aquel engendro baboso y lascivo que en vano pretendía pronunciar algunas palabras. Se giró aún asiendo aquella muñeca extraña que sin saber por qué no quería soltar y miró a la muchacha a los ojos.-¡Ay! ¡Me haces daño, burro! ¡Suelta!Había dado un pequeño traspiés saliendo del bar, sorprendida por aquel salvador que como una ventolera había apartado el fétido aliento de aquel borracho de su respingona y graciosa nariz. Intentó sin conseguirlo abrir la mano que la sujetaba, y se dio por vencida al darse cuenta de su debilidad. Esteban la observaba con la cabeza inclinada hacia un lado, como quien no termina de entender lo que sus ojos escudriñan. La chica estaba mohína, sus gestos eran graciosos y ágiles y sus dedos que insistian para liberar la mano compañera apenas le molestaban, sólo sentía las uñas que de vez en cuando, sin intención, estaba seguro, se clavaban en su piel.-¿Estás bien?- le preguntó. Era lo menos estúpido que podía decirle después de lo que había hecho, pero algo tenía que decir.-¿No encuentras una pregunta más tonta?-le espetó. La timidez y el miedo que emanaba ante la puerta habían desaparecido al atravesarla, o al tropezar, o quizá nunca los tuvo.-¡Qué borde! Me pareció que aquel tipo te molestaba y quise hacerte el favor de librarte de él.-Pues muchas gracias. Ahora, si eres tan amable como dices, hazme también el favor de librarme de ti. Conozco la clase de tipo que eres. Vienes de héroe, me sacas de un apuro en el que por casualidad me has encontrado y, pensando que es una buena oportunidad para ligarte a una pava que no parece un mal partido, me preguntas mi nombre. Luego que si quiero tomar algo y luego que si quiero subir a tu sucia, desordenada y pestilente casa.Le dejó seco. Perplejo. Mudo. Qué rápido hablaba, era increíble. Sus finos labios se movían sin parar y su pálida cara adquiría una belleza peculiar al enfadarse. Con la mano que tenía libre no paró de gesticular ni un segundo durante la parrafada. Era cómica su manera de hablar, entonaba como si contara un cuento a un niño pequeño, o como si intentara que un estúpido le prestara atencíon, le entendiera gracias a las subidas y bajadas de tono.-¿Cómo te llamas?- No podía soltarla, no podía enfadarse con ella, no podía dejarla escapar. Tampoco quería follársela, no deseaba que desapareciera de su vista ni de su vida a la mañana siguiente.-No voy a decírtelo.-¿Vienes a tomar algo?- Había que insistir, no permitir que los segundos pasaran y que esa piel dejara de estar a su alcance.-Está bien. Pero sólo bebo Wisky, y ya llevo unas cuantas copas encima... Mi amiga anda dentro... espero que del baño sólo, y no también del váter. Vámonos, ya me llamará luego, si quiere... y es capaz.No quiso cuestionarse por qué le había dicho que sí, ni por qué le pareció que la noche adquiría un tinte brumoso, como el de un sueño agradable, en el que nos sumimos voluntariamente, a raíz de pensar en él la media hora anterior al sueño entre las sábanas. Soltó su muñeca cuando llevaban unos pasos encaminados calle arriba. Sintió que el aire que ahora rozaba su palma era áspero en comparación con lo que unos momentos antes habíase permitido tocar. Miró de reojo a la chica anónima que caminaba a su lado con gráciles movimientos. Jugaba con las baldosas de la acera, pisando sólo las del mismo color.
Una ráfaga de aire fresco golpeó ambos rostros, ruborizado uno, asustado el otro. No sabía por qué había tenido ese impulso, por qué había decidido librar a aquella muchacha desconocida de aquel engendro baboso y lascivo que en vano pretendía pronunciar algunas palabras. Se giró aún asiendo aquella muñeca extraña que sin saber por qué no quería soltar y miró a la muchacha a los ojos.-¡Ay! ¡Me haces daño, burro! ¡Suelta!Había dado un pequeño traspiés saliendo del bar, sorprendida por aquel salvador que como una ventolera había apartado el fétido aliento de aquel borracho de su respingona y graciosa nariz. Intentó sin conseguirlo abrir la mano que la sujetaba, y se dio por vencida al darse cuenta de su debilidad. Esteban la observaba con la cabeza inclinada hacia un lado, como quien no termina de entender lo que sus ojos escudriñan. La chica estaba mohína, sus gestos eran graciosos y ágiles y sus dedos que insistian para liberar la mano compañera apenas le molestaban, sólo sentía las uñas que de vez en cuando, sin intención, estaba seguro, se clavaban en su piel.-¿Estás bien?- le preguntó. Era lo menos estúpido que podía decirle después de lo que había hecho, pero algo tenía que decir.-¿No encuentras una pregunta más tonta?-le espetó. La timidez y el miedo que emanaba ante la puerta habían desaparecido al atravesarla, o al tropezar, o quizá nunca los tuvo.-¡Qué borde! Me pareció que aquel tipo te molestaba y quise hacerte el favor de librarte de él.-Pues muchas gracias. Ahora, si eres tan amable como dices, hazme también el favor de librarme de ti. Conozco la clase de tipo que eres. Vienes de héroe, me sacas de un apuro en el que por casualidad me has encontrado y, pensando que es una buena oportunidad para ligarte a una pava que no parece un mal partido, me preguntas mi nombre. Luego que si quiero tomar algo y luego que si quiero subir a tu sucia, desordenada y pestilente casa.Le dejó seco. Perplejo. Mudo. Qué rápido hablaba, era increíble. Sus finos labios se movían sin parar y su pálida cara adquiría una belleza peculiar al enfadarse. Con la mano que tenía libre no paró de gesticular ni un segundo durante la parrafada. Era cómica su manera de hablar, entonaba como si contara un cuento a un niño pequeño, o como si intentara que un estúpido le prestara atencíon, le entendiera gracias a las subidas y bajadas de tono.-¿Cómo te llamas?- No podía soltarla, no podía enfadarse con ella, no podía dejarla escapar. Tampoco quería follársela, no deseaba que desapareciera de su vista ni de su vida a la mañana siguiente.-No voy a decírtelo.-¿Vienes a tomar algo?- Había que insistir, no permitir que los segundos pasaran y que esa piel dejara de estar a su alcance.-Está bien. Pero sólo bebo Wisky, y ya llevo unas cuantas copas encima... Mi amiga anda dentro... espero que del baño sólo, y no también del váter. Vámonos, ya me llamará luego, si quiere... y es capaz.No quiso cuestionarse por qué le había dicho que sí, ni por qué le pareció que la noche adquiría un tinte brumoso, como el de un sueño agradable, en el que nos sumimos voluntariamente, a raíz de pensar en él la media hora anterior al sueño entre las sábanas. Soltó su muñeca cuando llevaban unos pasos encaminados calle arriba. Sintió que el aire que ahora rozaba su palma era áspero en comparación con lo que unos momentos antes habíase permitido tocar. Miró de reojo a la chica anónima que caminaba a su lado con gráciles movimientos. Jugaba con las baldosas de la acera, pisando sólo las del mismo color.


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