Wednesday, February 21, 2007

Mentiras

Tenía la mirada muerta, enfocada en algún punto vacío en el espacio entre él y las sillas del andén de enfrente. Los plateados y ruidosos trenes pasaban uno tras otro sin que se molestara en cogerlos. Venían, dejaban su carga de vidas, engullían otras y partían con algún “destino” remoto. No podía dejar de parecerle que eran seres vivos que respiraban personas; llegaban a una estación expiraban, aspiraban y a seguir corriendo sin más. Como tanta gente…
Pero él se mantenía al margen de ese ciclo. Sentado, sereno, serio, a veces seguía con la mirada a alguna persona que deambulaba cabizbaja, con los ojos apuntando al suelo por el andén, ensimismada en alguna cosa sin la mayor relevancia y eventualmente espiando por el largo y sombrío túnel a la espera de que su tren le llevara a lejos de allí. Mucha gente, cuando notaba su mirada, especialmente las mujeres, hacía algo para parecer ocupada. Ellas solían buscar algún objeto ficticio en el bolso, algo que fingían necesitar repentinamente para aliviar la tensión que crea una mirada desconocida. Ellos se movían, miraban, buscaban un periódico. Pero nadie venía a hablar con él.
En todo este tiempo no podía evitar pensar qué pasaría si empujara a alguno de ellos a las vías cuando el tren estuviera irremediablemente cerca. Las consecuencias legales no le preocupaban, suponía que le cogerían más pronto que tarde, que habría un juicio y que acabaría en alguna dura, fría y lejana cárcel o sanatorio mental. Eso le daba igual.
Sobre todo, le gustaría saber qué sería lo primero que haría cualquiera de las victimas si supiera lo que le iba a pasar. A quién llamaría primero, cual sería su primera reacción, de qué se arrepentiría o si se avergonzaría de haber perdido el tiempo pensando en estupideces y postergando eso que llevaba tiempo deseando intentar. Él, por su parte, lo tenía muy claro. Si tuviera que elegir un último pensamiento sería para Ella, daba igual que nunca lo llegara a saber, mejor, porque no lo merecía; o al menos eso decían todos; pero sería para Ella, porque es todo lo que quería querer y todo lo que le mataba.
Había una serie de televisión que solía ver que se afanaba en repetir que la gente miente, una y otra vez, para que quedara bien claro. Él no estaba del todo de acuerdo. Sí, la gente miente, pero la gente se miente a sí misma mucho más de lo que miente a los demás, o, más bien, si mienten a los demás es el resultado de que se mientan a sí mismos como lo hacen. Por eso se meten en tantos problemas. Él era sincero consigo mismo. Sabía por qué hacía las cosas que hacía y sabía que quería.
Él se dio cuenta de eso una tarde, fría e indiferente, que había quedado con una amiga para hacer fotos a la puesta de Sol, que ocurrió dos horas después de que despertara aquel día de febrero. La amiga le preguntó qué había pretendido al ir a ver de nuevo a su ex-novia y él le respondió “Que me pidiera perdón, que me dijese que había sido una tonta y que haría todo lo que yo quisiera a partir de ahora si volvía con ella porque se había dado cuenta de que yo era el hombre de su vida” y ella se rió y le dijo que qué cosas tenía, aunque ella se había pasado, y pasaría aún varios fines de semana llorando lágrimas borrachas por un chico al que había superado pero aún seguía encontrándose “casualmente” cada fin de semana. A él no le gustaba llamar “casualidad” a encontrarse a alguien después de ir a un sitio donde sabes con certeza que estará, sobre todo si le has llamado para asegurarte, pero las personas se engañan tanto…
La gente sólo reordena sus prioridades cuando ve que es la última oportunidad, y a veces ni eso. Se engañan tanto que casi resulta desconcertante, porque adoran sus mentiras cuidadosamente construidas y lucharán porque nadie se las derribe con las abrumadoras pruebas de la evidencia.
Por eso no empujaba a la gente a las vías, porque no podía oír lo que pensarían, porque no sabría si habría conseguido liberar a una sola persona de sus engaños un solo momento o no.

6 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Es una reflexión drástica, pero está muy bien.

Muy parecido a aquello de que los españoles dejamos las cosas para el último momento... o solo nos salimos de la via del tren, cuando está a punto de pillarnos.

Es pura cobardía, legítima, pero fatal.

9:52 AM  
Anonymous Anonymous said...

Tu amor propio te hace mal escritor, lostemas manoseados no deben ser usados por orgullosos como tú, y ESA forma de sentirte supeior, no te hace si no deprimente.

2:41 AM  
Anonymous Anonymous said...

Qué acritud Dios mio... hay gente que parece que vive enfadada

2:00 AM  
Blogger LST1984 said...

En fin. De todas maneras... sólo son hostorias. Quien quiera darle un fondo más alla de eso... que sepa que puede equivocarse.

Paz, chico.

8:32 AM  
Anonymous Anonymous said...

chico?

1:48 PM  
Anonymous Anonymous said...

Homo sapiens... no?

4:08 PM  

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