Friday, September 29, 2006

Espejos en el techo

Los ecos de un pasado que no podía olvidar seguían resonando aún en su cabeza. Le dolía, pero, como alimentado por un impulso morboso, no impedía a esos pensamientos fluir con libertad. Alguna vez incluso los llamaba él y con una sonrisa en el espíritu se preguntaba si eso era signo de superación o de recaída.
Ahora era mucho más tranquilo y observador, y jamás olvidaba tener una palabra amable con la gente, como si la herida hubiera dejado salir veneno con la sangre, como si el dolor le hubiera purificado en parte.
Entonces… ¿asumido o no? De nuevo la sonrisa. ¿Es que acaso importaba lo más mínimo? La vida iba a seguir y con el tiempo el recuerdo sólo le haría sonreír, por fin sin dolor, por fin de verdad.
La melodía tenía que ser un signo… convertir el dolor en posibilidades fue una buena idea. No se trata de ver el vaso medio lleno, ni medio vacío, sino de cogerlo, bebérselo y aprovecharlo para seguir derecho.
Notaba como algo se rehacía suavemente, mejorando lo que estaba mal ya antes de estropearse y sabía que aunque ahora estaba vacío era sólo a partir de este momento cuando podría llenarse de nuevo.

Las cuatro y media de la noche… La noche siempre le había inducido a este tipo de pensamientos. La soledad del que no duerme y sólo puede entretenerse en decorar la tenue oscuridad del techo con los caminos por los que le lleven sus pensamientos solía conducirle inevitablemente, antes o después, a pensar sobre su vida.
Esta vez había sido agradable dejarse llevar por las oscuridades de sí mismo. Otros días le sentaba peor… Una sonrisa sincera le asomo la mejilla mientras se tapaba con la manta intentando de nuevo dormirse.

Tuesday, September 26, 2006

El Nido de los Cuervos

- ¡Esa basura no vale para una puta mierda! ¡Ve y búscame algo que pueda funcionar! – dijo Anderson, dejando escapar pequeñas gotas de saliva según gritaba, al son del baile de sus generosas mejillas, hacia su ayudante a la vez que le deslumbraba con el brillo de su sudorosa frente que acababa sospechosamente cerca de la coronilla.
Syme se llevó discretamente la mano al exterior del ojo izquierdo confiando en que el humo no permitiera a su jefe ver que estaba secando los signos de su tristeza. Dos semanas de trabajo, horas extras sin pagar y sentirse como una maldita basura abandonada por Dios y ni siquiera una buena palabra. Le hubiera bastado con un tono de voz que simulase tolerancia. Pero no, nada de eso. Todo lo que había conseguido es aspirar el denso olor a puro que desprendían las cortinas del despacho más importante del buffete, unos cuantos gritos y algunas motas de saliva en el borde de la mano.
Tras cuatro meses en la firma y aún se mareaba cada vez que entraba a ese despacho, cada vez que le veía.
Lo superaría, ¿no? Al fin y al cabo, él era el mejor de su promoción y hacía siempre lo que le mandaban, no podían tratarle como a un despertador toda su vida, haciendo el trabajo sucio y odioso y sin que nadie se lo agradeciera… antes o después se darían cuenta de que le habían tratado muy mal y… o sea, bueno, ya había mencionado al de la limpieza que sacrificó su relación sentimental de tres años por este trabajo, sólo era cuestión de tiempo que se dieran cuenta de ese y todos los esfuerzos que Syme hacía sin que se los pidieran ni los agradecieran y ese día él sería el héroe…
Además debían saber que lo que le pedían era imposible, que nadie podría defender esos casos sin basarse en medio tecnicismo al borde de la malinterpretación de algún sub-apartado de algo sin importancia. Debían saber que hacía todo lo humanamente posible…
Y aún así, si no hubiese tenido que ser aquello… si alguna vez tuviese la oportunidad de creer en lo que hacía… Pero no. Todos los casos que le asignaban se limitaban a un interminable trabajo de cotejamiento en libros cuyos ostentosos y lustrosos cantos dorados parecían reírse de uno… y para esa chusma… ¿De dónde se supone que debe sacar alguien la fe? ¿Cómo se sacan fuerzas para hacer creer que realmente quieres defender ante cualquiera a un maniaco, un asesino, un violador confeso o demás basura social? ¿Cómo ponerse de parte del malo y dedicarle semanas, dedicarle tu vida?
Parásitos.
Los parásitos no se defienden, se destruyen.
Y todo por unos dólares… ¿es que de verdad ganan tanto dinero? ¿Es que sólo importa eso? Él se prometió no venderse, defender los valores que le inspiraba la mujer de la balanza y la venda en los ojos, su antigua musa en las largas horas de estudio…
Basura.
Debería empujar a Anderson por la asquerosa ventana de su pretencioso despacho en uno de esos momentos en que se gira a contemplar las vistas de la ciudad desde el piso que el trabajo sucio ha comprado… Un piso magnífico con una vista deslumbrante por lo demás. Sí, tal vez vaya a ir ahora mismo y…
- ¿Syme?
Si, por fin le pasaba. Se había dado cuenta de sus esfuerzos y venia a disculp…
- Como se ha dedicado a perder el tiempo en la mierda de intento que ha hecho le queda tan sólo una semana. No se cómo demonios le pusieron tan bien en su universidad, debió de comprar la nota… ¡Dese prisa!
Sucia basura… Un día de estos…

Monday, September 25, 2006

Capítulo 2

Por Dunya:

Una ráfaga de aire fresco golpeó ambos rostros, ruborizado uno, asustado el otro. No sabía por qué había tenido ese impulso, por qué había decidido librar a aquella muchacha desconocida de aquel engendro baboso y lascivo que en vano pretendía pronunciar algunas palabras. Se giró aún asiendo aquella muñeca extraña que sin saber por qué no quería soltar y miró a la muchacha a los ojos.-¡Ay! ¡Me haces daño, burro! ¡Suelta!Había dado un pequeño traspiés saliendo del bar, sorprendida por aquel salvador que como una ventolera había apartado el fétido aliento de aquel borracho de su respingona y graciosa nariz. Intentó sin conseguirlo abrir la mano que la sujetaba, y se dio por vencida al darse cuenta de su debilidad. Esteban la observaba con la cabeza inclinada hacia un lado, como quien no termina de entender lo que sus ojos escudriñan. La chica estaba mohína, sus gestos eran graciosos y ágiles y sus dedos que insistian para liberar la mano compañera apenas le molestaban, sólo sentía las uñas que de vez en cuando, sin intención, estaba seguro, se clavaban en su piel.-¿Estás bien?- le preguntó. Era lo menos estúpido que podía decirle después de lo que había hecho, pero algo tenía que decir.-¿No encuentras una pregunta más tonta?-le espetó. La timidez y el miedo que emanaba ante la puerta habían desaparecido al atravesarla, o al tropezar, o quizá nunca los tuvo.-¡Qué borde! Me pareció que aquel tipo te molestaba y quise hacerte el favor de librarte de él.-Pues muchas gracias. Ahora, si eres tan amable como dices, hazme también el favor de librarme de ti. Conozco la clase de tipo que eres. Vienes de héroe, me sacas de un apuro en el que por casualidad me has encontrado y, pensando que es una buena oportunidad para ligarte a una pava que no parece un mal partido, me preguntas mi nombre. Luego que si quiero tomar algo y luego que si quiero subir a tu sucia, desordenada y pestilente casa.Le dejó seco. Perplejo. Mudo. Qué rápido hablaba, era increíble. Sus finos labios se movían sin parar y su pálida cara adquiría una belleza peculiar al enfadarse. Con la mano que tenía libre no paró de gesticular ni un segundo durante la parrafada. Era cómica su manera de hablar, entonaba como si contara un cuento a un niño pequeño, o como si intentara que un estúpido le prestara atencíon, le entendiera gracias a las subidas y bajadas de tono.-¿Cómo te llamas?- No podía soltarla, no podía enfadarse con ella, no podía dejarla escapar. Tampoco quería follársela, no deseaba que desapareciera de su vista ni de su vida a la mañana siguiente.-No voy a decírtelo.-¿Vienes a tomar algo?- Había que insistir, no permitir que los segundos pasaran y que esa piel dejara de estar a su alcance.-Está bien. Pero sólo bebo Wisky, y ya llevo unas cuantas copas encima... Mi amiga anda dentro... espero que del baño sólo, y no también del váter. Vámonos, ya me llamará luego, si quiere... y es capaz.No quiso cuestionarse por qué le había dicho que sí, ni por qué le pareció que la noche adquiría un tinte brumoso, como el de un sueño agradable, en el que nos sumimos voluntariamente, a raíz de pensar en él la media hora anterior al sueño entre las sábanas. Soltó su muñeca cuando llevaban unos pasos encaminados calle arriba. Sintió que el aire que ahora rozaba su palma era áspero en comparación con lo que unos momentos antes habíase permitido tocar. Miró de reojo a la chica anónima que caminaba a su lado con gráciles movimientos. Jugaba con las baldosas de la acera, pisando sólo las del mismo color.